A veces, cuando ves que tu vida
está pasando a toda velocidad por tu lado, sin darte tiempo a saborear esos
pequeños momentos que te impulsan a seguir, a afrontar nuevos retos, a hacerte
fuerte frente a los reveses, grandes o pequeños, que riegan nuestra vida. A
veces, necesitas un momento para parar, dedicarte un tiempo, largo o corto
depende de cada uno, para mirar en que te has convertido, en que pliegues de nuestra
historia se han ido quedando algunos de tus sueños, como han evolucionado otros
y lo que es más importante mirar a los ojos a los que te quedan vivos y por
cumplir, que son, al fin y al cabo, los que nos van a insuflar las energías
para seguir adelante.
Con estas premisas, hace un par
de meses que me animé a inscribirme en el Maratón de Castilla La Mancha (el
Quixote Maratón) de 2017, con un trasfondo sentimental, en este Maratón hace
ahora más de 14 años me inicié en esto de los 42 kilómetros, y la seguridad de
que durante gran parte de la carrera iba a rodar casi sólo, algo que siempre
ayuda a encontrarte y enfrentarte a ti mismo y tus miedos. Con un perfil casi
llano, y el handicap, de dar dos vueltas de 21 kms, parecía la prueba idónea.
Tras un verano con tiradas
largas, muchas de ellas por encima de 23/25 kms, mezclándolas con ejercicios de
fuerza, pero sin objetivo, a primeros de Septiembre me decidí, a hacerlo, mi 22
maratón sería en XXII Quixote Maratón. ¿Objetivo? Rodarlo, en ningún momento se
me pasó por la cabeza ponerme objetivo de tiempo, en este caso el propósito del
maratón era lo ya comentado, iba a
hacerlo solo, y era fundamental que mi cabeza diera vueltas a un montón de
cosas, que los kilómetros, pasasen a merced de mis ideas, pensamientos y propósitos.
Que los minutos corrieran a mi lado, deprisa o despacio, eso lo marcarían mis
piernas no mi crono.
Por fin llegó el día, el sábado
21 de Octubre, a media tarde salí para Ciudad Real en coche, por delante unos
190 kms o un par de horas de conducción. Ya con el sol escondido llegué a la
ciudad castelllano-manchega para retirar el dorsal y la bolsa del corredor
(incluía sudadera, botellas de vino, cuña de queso, etc.). El recinto para
retirar el dorsal es el patio de una típica casa manchega construida a inicios
del siglo XV, poquita gente, que ya da una idea de lo que será el Maratón…,
pero a la vez, de los voluntarios que allí están recibes el cariño y los ánimos
que quizás, en otros maratones más masificados no notas… A la salida al hotel,
un paseíto por el centro de la villa y a cenar. Una pizza y un par de cervezas,
ya lo sé esto está alejado de mi dieta paleo, pero en esta vida hay que
aprender a decir…. “¡pero que coño!,
además es un pequeño guiño a la cena previa en Berlín, con la esperanza
que se repita…. Ya en el hotel, colocar todo para el día siguiente, llamada a
casa, whatsap con los amigos, un poco de tele y a dormir…
El móvil me despierta a las 7:30,
la salida es a las 9:30 a apenas unos 10 minutos andando desde el hotel….
Desayuno, ducha, repasar material…. Y ¡al lío!.... En el hall del hotel hay
gente vestida de corto, calentando, se vislumbra en sus caras la tensión del
reto (sean 10, 21 o 42), es su reto, su momento después de entrenamientos,
sufrimientos, etc… Yo por mi parte, como siempre, pantalón de chándal, camiseta
(no la de correr, por supuesto) y cortavientos; mochila al hombro y para el
Polideportivo de la salida….
El ambiente ya se nota, se
respira olor a atletismo popular, puedes pasear por la línea de salida, ir al
servicio sin hacer colas, entregar la bolsa en el guardarropa sin esperas….
Colocarte lo lejos o cerca que quieras para salir sin meter codos…. Esto es
otra historia y… cuidado, que no es una crítica a nada, que también es
emocionante y mucho, rodearte de miles de corredores que llevan en sus ojos la
mirada de un objetivo por cumplir, de los apretones, de los corrales, de las
grandes avenidas en el corazón de enormes ciudades, etc.
Apenas unos minutos para la
salida y ya para mi sitio, que como buen “moñas garabitero” no es otro que los
puestos finales de este pelotón, “no tengo prisa… ni nadie que me la meta…. La
prisa por supuesto”….. En mis pensamientos estoy, mirando el reloj, cuando
suena el disparo de salida y en unos instantes empiezo a trotar, poniendo en marcha
el crono…..
Los primeros metros se hacen
despacio, son avenidas estrechas y vamos todas las distancias juntas, así los
dos o tres primeros kilómetros me salen muy por encima de 5:30, no pasa nada,
el único problema es que mis piernas piden un poco más de ritmo, es entonces
cuando recuerdo el consejo de Yolo, cuando hace muchos años me iba a enfrentar
en estas mismas tierras a mi primer maratón…. “Divídelo en tres partes, la
primera la corres con la cabeza (control del ritmo), la segunda con las piernas
(a lo que ellas te pidan) y la tercera con el corazón (es él el que te debe
llevar a meta.” Así es que voy conteniendo, los kms van pasando y una vez que
empiezo a rodar en un ritmo cómodo sobre los 5 min/km, empiezo a dejar que sean
mis pensamientos los que vayan ocupando las diferentes calles por la que vamos
transitando, toda la zona de la universidad, por donde haces varias idas y
venidas por las parecidas avenidas para finalmente salir en dirección al centro
de la ciudad, me encuentro muy cómodo, y voy rodando por debajo de 4:50.
Todavía estamos corredores de las tres distancias y se hacen pelotones, en uno
de ellos, converso con una pareja que van a hacer los 21, para ella es su
distancia, él sale de una lesión y no quiere más…. Rodamos unos kms juntos,
charlando, ellos son de allí, y les produce cierta admiración que me haya ido
sólo a hacer el maratón, “algún día iremos a Madrid, a por el Maratón, aunque
ya nos han dicho que no es llano”… sonrío para mis adentros recodando las
innumerables veces que he maldecido las cuestas de los últimos 10 kms de
Madrid… y con intención conciliadora les digo que no son para tanto…. Finalmente
se quedan atrás, a ellos les restan apenas 8 kms y a mi casi 30…. Se produce el
desvío de los de 10 kms, y se nota en número de corredores, ahora tocan largas
avenidas en polígonos industriales, la temperatura va subiendo y por esta
mismas calles pasaré cuando me queden apenas 8 kms con el sol bien
alto, debo beber, hidratarme, eso es fundamental, no dejo un puesto si pillar
líquido, y por fin llego a los 21, el ambiente en esta zona de meta ha
aumentado, la gente te anima, te jalea y yo en estos momentos voy subido en una
nube, he visto pasar mi vida a grandes brochazos por mis mente y me gusta, las
habrá mejores, seguro, pero es la mía y la hecho a mi medida, para bien o para
mal, con mis decisiones, quizás la mayoría equivocadas, pero…. Sé que es
difícil de explicar, que habrá gente que no lo entienda o no lo necesite, pero
afortunadamente, en este mundo, vivimos gente de mil raleas, y como dice el
dicho: “cada uno es cada quien”. Y ahora voy rodando por debajo de 4:45 y me
gusta, y voy bien, y me siento fuerte… Siguen pasando los kms y sigo con esos
ritmos, dejo atrás el 30, empieza la verdadera maratón, sin problemas, las
piernas algo cargadas, normal, sigo bebiendo como si no hubiera un mañana…. En
el 35 el último gel me cae en el estómago como una losa, pero sigo, bajo el
ritmo, ruedo a algo más de 5 min/km, pasan un par de kms y el estómago me dice
que algo no
va bien, como soy de luces corto (por lo menos para estas cosas)
pienso que si como algo será mucho mejor y me zampo medio plátano en el puesto
del 37,5, más o menos, ahí se jodió todo, empiezan a darme arcadas y tengo que
parar, el gel y el plátano son expulsados
de mi cuerpo sin premisa previa… ahora tengo que recuperarme un poco, he pasado
el 38, estoy a cuatro de meta; esto hay que acabarlo si o si… ruedo muy
despacito con la esperanza de que el estómago se asiente, pero no es así….
Lamento mi suerte, pero esto es el maratón, nadie dijo que fuese fácil,
encuentro el símil con la vida, que tampoco lo es, y este pensamiento me
distrae por un momento de las arcadas, así es que aprovecho para subir un poco
el ritmo, km 40, km 41, la avenida final,
el km 42, la entrada al polideportivo, en él la pista con calles rojizas y
amarillentas me da la bienvenida, al fondo, los arcos de meta, alguna lágrima recordando a mi madre (no se
porque pero desde que nos dejó, siempre que acabo un maratón los últimos metros
los corro en su honor) y por fin, META, 42195 metros después un “Siiiiuuuu” se
escapa de mis pulmones y cuando me cuelgan la medalla, tengo la sonrisa de la
felicidad clavada a fuego…. He parado el crono pero no lo he mirado, ahora le
doy un vistazo…. 3:40:21, pues no está nada mal…. Todos los objetivos
cumplidos, como no había ninguno, era fácil.
Recoger la mochila, paseo hasta
el hotel, ducha calentita, y de vuelta para casa…. En el coche voy saboreando
todo lo que he ido pensando y pasando en las últimas horas (cosas que
evidentemente me tengo que guardar), disfruto de los buenos momentos y paso de
puntillas por los malos, mientras los kms van acercándome a Madrid. Por fin
llego a casa, el abrazo y el beso de mi mujer, las bromas y risas con mis
hijos, me hacen sentir que este es mi sitio, el lugar donde me siento yo, para
bien o para mal, mientras reposo frente a la televisión, sin poder dormirme del propio cansancio, me doy cuenta que tras 22 maratones, cincuenta y pico años y muchas
personas que han dejado su huella en mi vida, de una forma o de otra, siguen
quedando en mí algunos sueños por cumplir que espero poder alcanzarlos o
por lo menos intentarlo.
HASTA EL PRÓXIMO, QUE SERÁ EL
XXIII.
