 |
| La camiseta que me llevó a la gloria con la firma de Pablo |
En el hall a las 5:15 de la mañana, hay que llegar con el autocar a Staten Island (salida del Maratón) antes que de cierren Venazzaro Bridge… Así es que nos quedan por delante cuatro horas, los nervios están a flor de piel y los estómagos en ebullición… Desde el autocar vamos viendo como amanece Nueva York en nuestro gran día, con un cielo completamente despejado, el viento ha amainado y las temperaturas se han recuperado algo, todo son buenas señales…. Al llegar a la zona de salida, debes ir hacia los parque de tu color, en mi caso el azul, compartido con Pablo Villalobos y Julien (responsable de Gatorade España). Allí cientos de voluntarios se afanan de organizar todo y ofrecer todo lo necesario a los corredores, café, tém leche, agua, bollos, gatorade, powerbar, todo en la cantidad que quieras, los baños químicos están por todas partes, no tienes que esperar más de dos o tres minutos para entrar (y tuve que entrar un par de veces…). Finalmente Pablo se va a la primera tanda y al poco suena un cañonazo y el New York, New York de Sinatra, el Maratón ha comenzado, desde ese momento en diferentes hornadas van saliendo los corredores (yo debería salir en la segunda pero ante las dudas de Julien, me quedo con él para salir juntos y ayudarle en lo que pudiera). Finalmente nos toca salir a nosotros, nos meten en nuestro corral y a los pocos minutos nos llevan a la línea de salida, en ese momento la voz solista de la banda de música de los bomberos de Nueva York interpreta el barras y estrellas… todos en silencio como respeto al himno nacional americano y a la pedazo de voz de la cantante. Es impresionante el silencio, pero lo es aún más el rugido de millones de ilusiones que explotan al terminar el himno y sonar el cañonazo, NUESTRA MARATÓN HA COMENZADO, mientras nos acompaña por todos el puente (de unas dos millas) la voz de Sinatra y Manhattan se recorta sobre al cielo azul a la derecha del puente, esperándonos para acogernos en su corazón… Los primeros pasos son tranquilitos, queda mucho y es cuesta arriba, al coronar el puente empieza un bajada que te permite recuperar lo perdido en la subida. Durante este tramo no hay público, no permiten a la gente pasar al puente, pero en cuanto pones un pie en Brooklyn te das cuenta porque este maratón es para vivirlo y no para correrlo, multitud de gente a ambos lados de las calles, te animan como si fueran tus mejores amigos, niños te ofrecen pañuelos para que te seques el sudor, te ofrecen naranjas, plátanos, dulces, todo lo que te puedes imaginar, a mucha esquinas hay músicos animando tanto a la gente como a los corredores (bandas de rock, blues, jazz, solistas que cantan de lujo, cantantes country, raperos, hiphoperos todo es bien recibido, los niños al grito de “go, go y give me five…” te dan la mano, nunca en mi vida había sonado tantas veces mi nombre: “Go Jose….”, “Jose c´mon, go, go”, “Jose, Viva España”, incluso algún “allez allez, Jose”. El ritmo, no lo sé , no necesito mirar el reloj para saber que estoy disfrutando a tope, de vez en cuando freno un poco a Julien que con el empuje del público se va disparando y todavía queda mucho…. Las millas van cayendo una tras otra, Brooklyn se acaban y entramo en Queens, el ánimo no amaina, la gente sigue llevándote en volandas con sus ánimos, las orquestes siguen tocando, y llevan ya más de dos horas, pero los ánimos son los mismos… En Brooklyn tengo que hacer una parada en boxes (hay cabinas cada dos millas), es lo único que me preocupa que sigo algo descompuesto, pero no pasa nada hay que seguir, esto es un lujo. Recuerdo antes de llegar a la media maratón, había una señora con trozos de naranja (son frutas que compran y ponen ellos, no son de la organización), intento coger uno pero se me cae y a los pocos metros me tiran de la camiseta y el hijo de esta señora, me traía un trozo de naranja que me da al grito de Go, Jose, Go, y una enorme sonrisa con la boca abierta y unos dientes blancos que destacan aún más en su cara negra (sé que será uno de esos recuerdos que llevaré siempre…). Sigue la carrera, pasamos la Media (sigo sin ver el reloj, sigo sin necesitarlo….) dejamos Queens y entramos en Mahattan por Queensboro Bridge, este puente se hace por debajo, el skyline de Manhattan se muestra majestuoso a nuestra izquierda, pero el puente, sin gente, a la sombra y se ha vuelto a levantar viento se me hace algo duro, Juliewn se ha quedado atrás, ya no podía seguir el ritmo y se estaba pasando… Así es que me quedo solo, para entrar en la primera avenida, quizás el momento más duro psicológicamente del maratón pues estás en el km 26 y al doblar ves la avenida ligeramente en subida que te llevará hasta el 32, al Bronx, pero sigo adelante sin mirar el reloj, recordando las palabras de Fran, hasta el 30 no tienes que empezar a correr y la verdad es que he llegado hasta aquí sin muchas dificultades, llego hasta la milla 19, hace rato que he pasado el 30 y estoy fuerte, subo un poco el ritmo, amplío la zancada y cruzo al Bronx, como diciendo aquí viene el “puto amo” de esta maratón, el recorrido por el Bronx es feo, la animación es total, chavales en las esquinas con las mesas de mezclas y hip hop a toda pastilla… pero hay demasiado giros de 90 grados y el recorrido pasa por una zona comercial, finalmente volvemos a entrar en Manhattan por la QUINTA AVENIDA, ya se siente el rumor de Central Park, km 37 y miro por primera vez mi reloj que me marca 3:27, ¡Llevo 37 kms, y ese tiempo, voy a volar en lo que me queda!. O eso creía, porque entre el km 37 y el 38 (ahora ya están marcados tanto millas como kms), empiezo a sentir unos pinchazos terribles en el estómago, cada zancada es un martirio, ahora no puedo pararme si me paro me quedo y estoy demasiado cerca, los gritos de “Go Jose, go”, siguen flotando sobre todo ahora que se me ve que lo estoy pasando mal, tengo la sensación de que voy clavado, pero me niego a andar mirando el reloj, Central Park se abre ante mí, esto lo conozco del otro día, un par de repechos, una bajada otro repecho y la meta. El estómago no me deja rodar cómodo, de piernas voy de dulce, de brazos y abdominales perfecto y de cabeza, con un solo pensamiento LA META. En el último repecho casi me dobla uno de los pinchazos… pero la meta está ahí, brazos en alto, (en honor de los que no han podido vivir esta aventura conmigo y me han acompañado durante todos lo kilómetros, a mi familia, a mis amigos, a los Garabitas (amigos y compañeros de aventuras) y sobre todo a mis padres, que aunque no están con nosotros siempre los llevo junto a mí (no sé porque pero cuando algo de esto sale bien siempre me acuerdo de ellos, porque tengo la impresión que se sentirían orgullosos de ello)).
Cruzar la meta y que te cuelguen al medalla y sentirte especial todo es uno, ahora como no todo podía ser maravilloso unos pasos más adelante me dan la manta y perdí el conocimiento me desperté en el hospital del Maratón con una vía con suero y el oxígeno puesto, no recuerdo muy bien como he llegado aquí, pero la doctora me comenta que estoy deshidratado, pese a haber bebido en todos los puestos, el problema ha sido la descoposición del día anterior, donde pierdes todos los líquidos, que no puedes recuperar en tan poco tiempo.
Un par de horas en la camilla, hasta encontrarme bien, paseos por el interior del hospital de campaña, y por fin la libertad, recuperar mi bolsa, cambiarme y bajar hasta el hotel dando un paseíto a la luz de la noche neoyorkina, me vuelve a la vida. Muscularmente, estoy entero, aunque algo débil, sigo bebiendo mucho, según me han aconsejado….Y pot fin llego al hotel, donde había cierta preocupación sabían que había terminado, pero no donde estaba, así es que a contar la historia, celebrar que no ha sido nada ducharme, cenar y celebrarlo.
Nueva York ya es historia, pero es otra historia, se puede hacer un maratón sin sufrir (quitando lo de la gastroenteritis que se agravó el lunes y el martes), disfrutando de la carrera y sin llevar encima ninguna presión de marca, bastante presión es meterte 42 kilómetros (entrenando cuando se puede, trabajando, haciendo vida familiar, etc) para encima exigirnos marcas….
Lo dicho, una experiencia para vivirla, por encima de todo para eso, para vivirla y sentirte durante 26,2 millas un atleta de élite aclamado por multitud de gente que no te conoce pero está contigo… eso es el Maratón de Nueva York, o por lo menos así lo he vivido yo.
 |
| Con Julien, mi compañero de fatigas |
 |
| Mi cabeza, sobre Queens |
 |
| Atravesando Venazzaro bajo la mirada de un helicóptero |
 |
| A la salida, momentos de gran emoción...... |
 |
| Rodando por Brooklyn |
 |
| Antes de llegar a Manhattan |