A veces y, sólo a veces, la vida se empeña en darnos un baño de realidad, mostrarnos a las claras nuestras deficiencias y enfrentarnos a nuestros temores, que sepamos de que estamos hechos y donde están nuestros límites.... Hoy he tenido la oportunidad de "saborear"una de estas veces.
Madrid, mi Madrid, me ha dejado ko, esta vez no lo esperaba, creo que iba muy bien entrenado, que durante los últimos 4 meses había preparado el Maratón de Madrid 2019, con mucho esfuerzo (como todos los que estamos disfrutando de éste nuestro deporte) pero con buenos resultados, los entrenos iban saliendo y la confianza era mucha. Sólo un pequeño pero, una fascitis plantar en el pie derecho me hacía tener especial cuidado con esta zona (masajes, hielo, ejercicios, etc.), aunque con dolores puntuales iba dejándose sentir....
Si que es verdad y, debo reconocerlo (no me considero una persona que se engañe a sí misma y este espacio es un poco un trozo de mi), que las últimas semanas no tenía la ilusión por el Maratón de otras ocasiones, seguía entrenando pero más porque me iban bien los entrenamientos, que por ver estos reflejados en la Gran Prueba, era una sensación rara, pensaba más en el después del Maratón que en él. De hecho, estaba mucho más "tranquilo" que en pruebas anteriores, pese a tener en mente rondar los 3:29:00 en meta.
Con todas estas premisas, llegó el día "D", un sábado, ya de por si rara esta situación, y se produjeron un montón de pequeños detalles previos a la salida que lo hacían aún más diferente. Pero finalmente 9:00 horas en el cajón 4 y 42195 metros por delante..... por fin los nervios afloran, saltos, risas, esperanzas flotando en el ambiente, se avanza hacia la salida y comienzan las primeras zancadas. Madrid está precioso, un sol brillante se asoma por encima de los tejados que rodean la plaza de Colón, un cielo azul, limpio después de las lluvias de los últimos días y una temperatura ideal, todo esto es lo que nos ha preparado "nuestra ciudad" para que un montón de locos y locas, en pantalones cortos y camisetas de todos los colores y combinaciones imaginables recorran sus calles. Como siempre los primeros metros a mi me parecen mágicos, toda la fuerza, los nervios, la tensión de los días previos afloran en estos momentos y las sonrisas fáciles se marcan en la cara de los corredores, el mundo es nuestro y por supuesto el maratón en un amigo más.......
Los kilómetros empiezan a caer.... y todo va muy muy bien, sin ningún esfuerzo voy rodando a 5:00, incluso reteniendo algo para no irme de estos ritmos. Plaza de Castilla, Cuatro Caminos, Avda América van quedando atrás y poco a poco voy rodando un poco más ligero, y sintiendo que voy parado, empiezo a creer de verdad que esta es la ocasión, que la barrera de los 3:30 caerá y.... encima en Madrid, El barrio de Salamanca queda atrás, Chamberí nos recibe con subidas y por fin deja perfilados hacia la Gran Vía, la media se siente muy cerca.... Ahí se produce uno de esos momentos mágicos, que sólo siendo un "Garabitas", el ánimo de la "vieja guardia" (dicho con todo el cariño y respeto) y en especial el abrazo con Paco J.... no hay palabras.
Las emociones van en aumento con el paso por la Puerta del Sol, imposible no sentir como se eriza tu piel con los aplausos y ánimos que sientes que van para ti, te sientes realmente un ser especial por estar ahí.
Las sensaciones de carrera siguen siendo muy buenas, Palacio Real, Templo de Debod, Madrid se ha vestido de gala para vernos correr....
Bajada hacia el parque del Oeste y aquí se fastidió todo, un pinchazo brutal en el pie derecho, pienso que puede ser algo puntual, sólo es el km 24 y pico.... sigo trotando más lento pero el dolor es insoportable, cada vez que apoyo el pie en el suelo es como si pisase cristales (aunque jamás los he pisado, pero supongo que debe ser algo así), en un momento por mi cabeza pasan a toda velocidad los kms que quedan.... y pienso, pues esta vez tampoco va a ser.... sigo con mi trote cochinero, km 25, Avenida de Valladolid y ya el dolor es insoportable, ni andando puedo apoyar el pie... al fondo Príncipe Pío y yo arrastrando la pierna, decido retirarme, pillar el metro y para la meta, pero me doy cuenta que no tengo el abono... Bueno, pues a seguir paso a paso y nunca mejor dicho... la Casa de Campo se me antoja inexpugnable, la subida al Lago un suplicio, y ahí decido recortar y seguir caminando, a la salida de la Casa de Campo parece que el dolor afloja, vuelvo a trotar, pero en un par de kms el dolor vuelve a hacerse con el poder, ya es el kilometro 35 largo, para 7 que quedan.. ¡a reventar!.... haciendo de tripas corazón y concentrándome en la música que llevo, voy dejando pasar los kms con el trote que me permite mi pie, Pirámides, Embajadores y allá al fondo Atocha, la meta ya se huele... siento que no siento el pie y eso me preocupa, en Atocha mi hermana y mis hijos me inyectan la moral suficiente para cruzarla y el apoyo de nuestros Garabitas (tan inestimable como vital) obran el milagro de hacerme llegar a Meta. Sin haber cumplido los 42, pero con un sufrimiento por encima de lo vivido en otros....
Debo decir aquí, aunque pueda sonar melodramático, que es la primera vez en una maratón que he llorado de dolor, en varias ocasiones a lo largo de este peregrinaje de hoy, no he podido evitar las lágrimas, mezcladas con una sensación de impotencia y regadas con una pregunta: "pero, ¿que necesidad hay?", pero no obtuve respuesta, y la pregunta seguía revoloteando por encima de mi dolor.
Ya sólo quedaba recoger la medalla, (inmerecida), pero puesta por una compañera en esto del correr, con una sonrisa balsámica, recoger la ropa y contar a mis compañeros de fatigas más o menos lo acontecido, el abrazo con mi gente y para casa, que esto ya es historia, y el futuro está mirándonos desde la esquina...
Ahora mismo, unas horas después y con el pie sin poder tocar el suelo, maldigo los 42 kms, y tengo la sensación (y esta vez creo que es verdad) que ha llegado el momento de decir hasta aquí hemos llegado, por lo menos por un tiempo. Han sido 23 maratones completados, en varios continentes (y no es por vacilar, que también, un poquito) incluso dos Majors y a lo mejor es hora de disfrutar con distancias más cortas y con kms mucho menos sufridos, todo esto suponiendo que lo que tenga en el pie sea recuperable, claro.
Bueno, sea como sea, me apetece agradecer y no quiero que suene a despedida si no a agradecimiento, por estar ahí durante estos años a mi familia (soportando todo lo que sabemos que tienen que soportar), a mis amigos (de cuya amistad me siento orgulloso) y ¡como no! a mis compañeros, amigos y corredores los Garabitas (vale incluyo a las Tortugas, sin cuyo apoyo hoy habría sido aún más duro), por todos los buenos momentos vividos bajo el manto del Maratón y por todos los queden por vivir. ¡Gracias!.