sábado, 27 de abril de 2019

.... Y el mostruo de las 42 cabezas me tumbó.... y no se por cuanto tiempo.

A veces y, sólo a veces, la vida se empeña en darnos un baño de realidad, mostrarnos a las claras nuestras deficiencias y enfrentarnos a nuestros temores, que sepamos de que estamos hechos y donde están nuestros límites.... Hoy he tenido la oportunidad de "saborear"una de estas veces.
Madrid, mi Madrid, me ha dejado ko, esta vez no lo esperaba, creo que iba muy bien entrenado, que durante los últimos 4 meses había preparado el Maratón de Madrid 2019, con mucho esfuerzo (como todos los que estamos disfrutando de éste nuestro deporte) pero con buenos resultados, los entrenos iban saliendo y la confianza era mucha. Sólo un pequeño pero, una fascitis plantar en el pie derecho me hacía tener especial cuidado con esta zona (masajes, hielo, ejercicios, etc.), aunque con dolores puntuales iba dejándose sentir....
Si que es verdad y, debo reconocerlo (no me considero una persona que se engañe a sí misma y este espacio es un poco un trozo de mi), que las últimas semanas no tenía la ilusión por el Maratón de otras ocasiones, seguía entrenando pero más porque me iban bien los entrenamientos, que por ver estos reflejados en la Gran Prueba, era una sensación rara, pensaba más en el después del Maratón que en él. De hecho, estaba mucho más "tranquilo" que en pruebas anteriores, pese a tener en mente rondar los 3:29:00 en meta.
Con todas estas premisas, llegó el día "D", un sábado, ya de por si rara esta situación, y se produjeron un montón de pequeños detalles previos a la salida que lo hacían aún más diferente. Pero finalmente 9:00 horas en el cajón 4 y 42195 metros por delante..... por fin los nervios afloran, saltos, risas, esperanzas flotando en el ambiente, se avanza hacia la salida y comienzan las primeras zancadas. Madrid está precioso, un sol brillante se asoma por encima de los tejados que rodean la plaza de Colón, un cielo azul, limpio después de las lluvias de los últimos días y una temperatura ideal, todo esto es lo que nos ha preparado "nuestra ciudad" para que un montón de locos y locas, en pantalones cortos y camisetas de todos los colores y combinaciones imaginables recorran sus calles. Como siempre los primeros metros a mi me parecen mágicos, toda la fuerza, los nervios, la tensión de los días previos afloran en estos momentos y las sonrisas fáciles se marcan en la cara de los corredores, el mundo es nuestro y por supuesto el maratón en un amigo más.......
Los kilómetros empiezan a caer.... y todo va muy muy bien, sin ningún esfuerzo voy rodando a 5:00, incluso reteniendo algo para no irme de estos ritmos. Plaza de Castilla, Cuatro Caminos, Avda América van quedando atrás y poco a poco voy rodando un poco más ligero, y sintiendo que voy parado, empiezo a creer de verdad que esta es la ocasión, que la barrera de los 3:30 caerá y.... encima en Madrid, El barrio de Salamanca queda atrás, Chamberí nos recibe con subidas y por fin deja perfilados hacia la Gran Vía, la media se siente muy cerca....  Ahí se produce uno de esos momentos mágicos, que sólo siendo un "Garabitas", el ánimo de la "vieja guardia" (dicho con todo el cariño y respeto) y en especial el abrazo con Paco J.... no hay palabras.
Las emociones van en aumento con el paso por la Puerta del Sol, imposible no sentir como se eriza tu piel con los aplausos y ánimos que sientes que van para ti, te sientes realmente un ser especial por estar ahí.
Las sensaciones de carrera siguen siendo muy buenas, Palacio Real, Templo de Debod, Madrid se ha vestido de gala para vernos correr....
Bajada hacia el parque del Oeste y aquí se fastidió todo, un pinchazo brutal en el pie derecho, pienso que puede ser algo puntual, sólo es el km 24 y pico.... sigo trotando más lento pero el dolor es insoportable, cada vez que apoyo el pie en el suelo es como si pisase cristales (aunque jamás los he pisado, pero supongo que debe ser algo así), en un momento por mi cabeza pasan a toda velocidad los kms que quedan.... y pienso, pues esta vez tampoco va a ser.... sigo con mi trote cochinero, km 25,  Avenida de Valladolid y ya el dolor es insoportable, ni andando puedo apoyar el pie... al fondo Príncipe Pío y yo arrastrando la pierna, decido retirarme, pillar el metro y para la meta, pero me doy cuenta que no tengo el abono... Bueno, pues a seguir paso a paso y nunca mejor dicho... la Casa de Campo se me antoja inexpugnable, la subida al Lago un suplicio, y ahí decido recortar y seguir caminando, a la salida de la Casa de Campo parece que el dolor afloja, vuelvo a trotar, pero en un par de kms el dolor vuelve a hacerse con el poder, ya es el kilometro 35 largo, para 7 que quedan.. ¡a reventar!.... haciendo de tripas corazón y concentrándome en la música que llevo, voy dejando pasar los kms con el trote que me permite mi pie, Pirámides, Embajadores y allá al fondo Atocha, la meta ya se huele... siento que no siento el pie y eso me preocupa, en Atocha mi hermana y mis hijos me inyectan la moral suficiente para cruzarla y el apoyo de nuestros Garabitas (tan inestimable como vital) obran el milagro de hacerme llegar a Meta. Sin haber cumplido los 42, pero con un sufrimiento por encima de lo vivido en otros....
Debo decir aquí, aunque pueda sonar melodramático, que es la primera vez en una maratón que he llorado de dolor, en varias ocasiones a lo largo de este peregrinaje de hoy, no he podido evitar las lágrimas, mezcladas con una sensación de impotencia y regadas con una pregunta: "pero, ¿que necesidad hay?", pero no obtuve respuesta, y la pregunta seguía revoloteando por encima de mi dolor.
Ya sólo quedaba recoger la medalla, (inmerecida), pero puesta por una compañera en esto del correr, con una sonrisa balsámica, recoger la ropa y contar a mis compañeros de fatigas más o menos lo acontecido, el abrazo con mi gente y para casa, que esto ya es historia, y el futuro está mirándonos desde la esquina...
Ahora mismo, unas horas después y con el pie sin poder tocar el suelo, maldigo los 42 kms, y tengo la sensación (y esta vez creo que es verdad) que ha llegado el momento de decir hasta aquí hemos llegado, por lo menos por un tiempo. Han sido 23 maratones completados, en varios continentes (y no es por vacilar, que también, un poquito) incluso dos Majors y a lo mejor es hora de disfrutar con distancias más cortas y con kms mucho menos sufridos, todo esto suponiendo que lo que tenga en el pie sea recuperable, claro.
Bueno, sea como sea, me apetece agradecer y no quiero que suene a despedida si no a agradecimiento, por estar ahí durante estos años a mi familia (soportando todo lo que sabemos que tienen que soportar), a mis amigos (de cuya amistad me siento orgulloso) y ¡como no! a mis compañeros, amigos y corredores los Garabitas (vale incluyo a las Tortugas, sin cuyo apoyo hoy habría sido aún más duro), por todos los buenos momentos vividos bajo el manto del Maratón y por todos los queden por vivir. ¡Gracias!.

jueves, 22 de noviembre de 2018

MARABANA 2018..... ¿Cabeza o fracaso?

Para poder comprender lo que ha pasado en el Marabana 2018, tengo en primer lugar poner claro que en esta ocasión no era ir a un lugar a correr un maratón, esta vez era ir de vacaciones y durante las mismas había un maratón. En segundo lugar La Habana ha tenido, tiene y tendrá un lugar privilegiado en mi corazón, por muchas razones, y poder disfrutarla durante ocho días era prioritario.
Dicho esto, el domingo 18 de Noviembre, aún de noche, La Habana abría sus calles a mis pasos hacia la salida, eran las 6 de la mañana y la temperatura rondaba los 28 grados con una humedad por encima del 90%, al poco de salir de "El Cuarto de Tula" donde me alojaba, iba empapado en sudor, y sólo iba paseando hacia el Capitolio, donde estaba la salida. Bajando por la calle Neptuno, bulliciosa calle de Habana Centro, que a esas horas me rodea de un silencio casi mágico. Entre el calor, la humedad y el silencio de la noche habanera, comprendo que en esas circunstancias no merece la pena jugarse 42 kilómetros de un sufrimiento angustioso, mi frente empapada en sudor, el cielo completamente despejado que augura un sol de justicia y la ausencia de brisa alguna.... confirman esta decisión. Media maratón también está muy bien y disfrutarlo aún más.
Así es que con la decisión tomada llego al Parque Central, donde ya se respira el ambiente de atletismo puro, sin pretensiones, multitud de corredores llevan el dorsal de 10 kilómetros, a los que se les ve primerizos, con nervios a flor de piel y miradas cómplices con sus colegas. Algunos que portan dorsales de Media Maratón, se les ve concentrados, afinados, sabiendo que que van a darlo todo en esos durísimos kilómetros y, finalmente los dorsales de maratón, aquí me parece ver dos tipos de conductas, los que van a por premio y con caras serías y concentradas miran de soslayo a sus rivales y de vez en cuando al cielo en busca de alguna nube que suavice lo que se les viene encima y, los que vienen a terminarla que entre bromas dejan escapar sus temores y sus esperanzas.
El Gran teatro de La Habana y el Capitolio, se asoman, curiosos, de ver aquella multitud de personas en zapatillas, camisetas y pantalones de correr, una gran masa multicolor, encerrados en los cajones de salida a la espera del disparo de salida, una rápida cuenta atrás y el pardo sonido de las suelas de las zapatillas golpeando sobre el asfalto tapan el sonido de sones, salsas y boleros, por unos instantes en La Habana sólo suenan sonidos relacionados con el esfuerzo personal de cada uno. 
La carrera sale disparada hacia el Malecón, pero antes da un brusco giro en busca del Museo de la Revolución, para quien esto significa algo, es muy emocionante pasar corriendo a escasos metros del "Granma", mítico barco unido a la Revolución de los Barbudos por derecho propio. Finalmente sales al Malecón, la sensación es la de estar corriendo por uno de los paseos más míticos del mundo, a un lado el Caribe, con sus azules topacios de mil matices y al otro lado las casas de principios del siglo XX, en muchos casos devastadas por el implacable paso del tiempo y de la fuerza del propio Caribe. El sol en todo lo alto de su cúpula azul, se empeña en subir las temperaturas 7:20 de la mañana y 32º, y según comentan la humedad pasa del 90%. En previsión de lo que se avecina se ponen puestos de agua cada 2 kms. El Malecón se hace eterno, pero finalmente es vencido por el paso de mis piernas y tras un giro de 180 º volvemos para adentrarnos en el Vedado, un barrio que reúne los hoteles más míticos de La Habana, junto a casas señoriales de finales del XIX, hoy ocupadas por modestas familias trabajadoras y oficinas y ministerios oficiales. En esta parte se encuentra la primera cuesta del Marabana, una cuesta larga y poco tendida que nos lleva a los muros del cementerio de Colón, al que bordeamos en busca del parque zoológico, en este punto (km 10, que a la vuelta será el 31), pienso que entre esos muros debe estar esperando el tío del Mazo y nunca en mejor entorno, el muy desgraciado. El ambiente durante la carrera es maravilloso, pese al calor y a la dureza del recorrido el espirítu habanero de alegría y chanzas es imparable. Es difícil no dejarte enredar en sus "conversaderas" y pasar algunos metros departiendo con cubanos, mexicanos, venezolanos e incluso australianos. Finalmente tras otra fuerte cuesta llegamos a la ciudad Deportiva, quizás la zona más dura, unas avenidas anchas, sin animación, y sin sombras ni viento, se hacen eternas, en este tramo hacemos un grupo de entre siete u ocho corredores, que nos vamos turnando en cabeza y vamos comentando por lo que queda, por lo que hemos pasado, etc, así se pasan estos durísimos kilómetros en los que corremos como por un solarium... Un chaval que rueda a mi lado me dice: "Todo esto se nos pasará en un par de kilómetros, cuando nos miren el Che y Camilo, debemos rodar como si fuera el kilometro 1".... En este punto la humedad hace que el reproductor mp3 deje de funcionar, el cacharro está sudando también la gota gorda (je je je). Mientras me quito los cascos, aparece ante nosotros la Plaza de la Revolución, con las imágenes del Che y Camilo, y la estatua de Martí.... efectivamente, ante ellos no podemos desfallecer, por respeto debemos dar todo lo que tenemos como nos mostraron ellos, volvemos a subir el ritmo y nos dirigimos ya hacia el final de la media. Estamos en el 18, a tiro de 3 kilómetros, y son los 3 kilómetros que te llevan directos hacia la Habana Vieja, que no la pisarás pero sabes que está ahí con sus callejuelas, sus bares, sus gentes y su historia....Cuando parece que vas a adentrarte en ella giramos a la izquierda y enfilamos definitivamente hacia el Capitolio, que con paciencia infinita, se muestra orgulloso de los que ante él se detienen para cerrar sus 21 kilómetros o continúan hacia la mítica distancia. Yo por mi parte soy de los primeros, he sudado como no recuerdo haberlo hecho nunca, tengo la sensación de no tener ni una gota de agua en mi interior, pero muy contento con la experiencia, con haber vivido las calles y las gentes de este Maratón tan duro como especial.... El tiempo final, que poco importa porque el disfrute ha sido más importante que los ritmos, es de 1:54:10, pero sobre todo es saber que puedo seguir paseándola en compañía de "mi Esther", a la que me encuentro esperándome en el Malecón y que vuelve a reconfortarme con sus besos y abrazos, sin preguntarme por marcas ni distancias..... y estos besos y abrazos no tienen precio, por lo menos para mi. 
No tengo ninguna sensación de fracaso, al contrario, siento que he hecho lo que debía y he disfrutado de La Habana, fuera ya del Maratón, con toda la intensidad que esta ciudad te puede ofrecer y os aseguro que, por lo menos a mi, me parece que ofrece mucho, aunque como ya he dicho no soy parcial con ella, porque me ha ganado el corazón......
Quizás, y sólo quizás, tenga una nueva oportunidad de vivirla, y ese caso lo tengo claro: 
No sabré ni querré decirla "No".

miércoles, 31 de enero de 2018

MARRAKECH 2018.... Una experiencia diferente.

Bueno, pues ya está, mi 23º Maratón y, como dice el título, una experiencia diferente, en muchos aspectos. En principio es mi tercer continente sobre el que corro un maratón, ya "sólo" me quedan dos continentes (Asia y Oceanía), para cumplir mi sueño de hacer al menos un maratón en cada continente....
Pero vamos al meollo de la cuestión, el 29 Maratón de Marrakech, que se celebró el pasado 28 de Enero y, que tuve la suerte de poder disfrutar. El viaje en sí, la ciudad, el mundo árabe, etc envuelven esta experiencia de un aire diferente a todos los anteriores. Además el hecho de correrlo sólo, de ir acompañado al viaje de Esther (mi compañera en esto que hemos dado en llamar vida), de ignorar completamente recorrido, perfil, organización, etc. le añadían un aire aún más mágico. Además y, como broche, debía hacerlo de forma que quedase físicamente lo mejor posible para hacer turismo los días restantes.... Todo un reto.

El viernes tarde, nos acercamos a la ¿feria? del corredor, donde ya tomabas nota del ambiente que rodea a este maratón, apenas tres casetas para retirar dorsales (por un lado extranjeros, por otro marroquíes inscritos y por otro los que se inscribían en el momento), dos distancias para extranjeros (Media o Maratón) y tres para marroquíes (15, Media y Maratón). Una caseta más con productos Asics y un "photo-call" donde hacerte las fotos de rigor con el dorsal y el recorrido de fondo. Y una gran feria de artesanía local, ocupaban el espacio de la Feria. La bolsa del corredor, muy justa (camiseta, alfileres y dorsal), así es que poco tiempo se tardó en tener todo bajo control. El sábado, nos acercamos a ver la zona de Salida/Meta, y comprobar el tiempo que tardaba desde el Riad (hotel en el que nos alojábamos) hasta la salida, pues una de las características de este Maratón es que no hay ropero, por lo que debes estar más o menos cerca de la salida o tener gente que te acompañe desde las salida hasta la meta, como éste no era mi caso, debía salir preparado desde el Riad.....
Por fin llegó el domingo por la mañana, a las 7:15 en pie, la salida era a las 8:00 y no me llevaba en teoría más de 20 minutos paseando hasta Meta.... Así es que, y los que me conocen saben que gusto de apurar las horas, es un defecto de juventud... Desayuno rápido en la habitación (plátanos, dátiles y agua) y salida hacia la Meta..... Pero no calculé bien los tiempos y de camino a la salida, veía el tiempo pasar muy deprisa y muy lejos la zona de Meta.... Así es que apreté el paso y finalmente con cierta emoción, llegué a las 7:55, tiempo justo para colocarme el pañuelo en la cabeza, comerme el plátano que faltaba y ponerme la música.... y ¡¡¡PUM!!!, Comienza la carrera. No hay muchos participantes, siguiendo la costumbre salgo en los últimos puestos, y no tardo mucho en cruzar la salida y empezar a poner el ritmo deseado. Todos los primeros kilómetros, son por avenidas muy anchas, en la zona nueva, por fuera de La Medina, de hecho, ningún kilómetro de la carrera entrará en ella. Esta zona no dista mucho de cualquier City de ciudad europea, avenidas con bulevares, bancos, edificios de oficinas, etc... La carrera transcurre prácticamente horizontal, dando varias vueltas hasta atravesar los Jardines de La Menara, un auténtico olivar dentro de la ciudad, desde aquí salimos para enfilar hacia los Jardines de Agdal, otro olivar más, que me lleva hasta el kilómetro 12, con muy buenas sensaciones, reteniéndome y controlando un ritmo entre 5:10 y 5:05, rodando muy fácil, pero pensando en lo que queda, en el frío que hace ahora (3ºC a las salida) y previsión de acabar sobre los 18ºC, pensando en el perfil que desconozco y sobre todo en las palabras de Andreu (mi entrenador): "Vamos a rodad fácil, que buscamos sensaciones no tiempos...". En este punto se produce otro hecho que le hace particular a este Maratón, de repente, te juntas a correr con la gente que va en cabeza en la Media, por lo que sin darte cuenta te empiezan a pasar corredores a izquierda y derecha, que te hacen sentir que vas parado, ¡¡¡que forma de correr!!!!, por unos instantes te sientes élite, pero sólo por unos instantes.....
A partir de este punto vamos bordeando la muralla de La Medina, dejándola a mano izquierda y empiezas a notar que estás corriendo por la Ciudad Roja, en el corazón del reino almorávide, numerosos niños se apostan a cada lado de la carrera para que les choques la mano, grupos de bereberes tocando música, mujeres bereberes haciendo sus "zaghareet" para desearnos suerte a los corredores y de fondo el bullicio de la vida de Marrakech que fluye a raudales, algunas zonas con puestos ambulantes con zumos de naranja, caña, puestos de palomitas, de dátiles, etc... todo ello te rodea de colores y aromas muy singulares... En este punto sucede otra "peculiaridad" de esta carrera, cuando te juntas con la carrera 15 kms, que corren un montón de chavales de 14/15 años, que te vuelven a pasar como si no hubiera un mañana, aunque a los pocos metros se separan de nuestro recorrido...
Así siguen pasando los kilómetros mientras te alejas de la Medina, cubriendo la Media Maratón en (1:48:05), cumpliendo las expectativas y con la sensación en las piernas que no he empezado a correr.... En este punto siento un "chute" de buenas sensaciones y decido apretar un poco, los siguientes kilómetros los ruedo entre 4:50 y 5:00, mientras a mi alrededor desaparece la ciudad y me meto de lleno en el Palmeral de Marrakech, no hay animación, salvo algún camello que nos ignora y algún tuareg vestido de azul inmaculado que espera a los turistas, que hoy se retrasarán un poco por estos locos vestidos de corto con un dorsal en el pecho.... Esta zona es en ligera bajada, lo que aprovecho para sin aumentar el ritmo mantenerlo sin forzar nada.... Con la salida del Palmeral cambia el perfil y ahora desde aquí kilómetro 32, se ve la carrera en constante subida, muy suave, pero en constante subida, siendo los kilómetros malos, subiendo y con el sol empezando a imponer su temperatura , siento que se avecinan kilómetros duros, en mis oídos suenan las canciones de Sinkope, Marea, Mago de Oz, etc y en mi mente me repito: "Para esto has entrenado, para estos 12 kilómetros, los 30 anteriores los has hecho como tirada larga, ¡vamos!, son sólo 12 kilómetros..." Siento que mis piernas empiezan a pesar, y siendo consciente de que tengo que llegar entero, que no puedo ni debo, fastidiar el fin de semana a mi compañera.... decido bajar un poco vuelvo a ritmos de 5:00 5:10 y me encuentro bien, casi sin darme cuenta estoy en el 35, ya está ya lo tengo ahí, en el 38 al tomarme el último gel, veo a un chaval de Sevilla (lo lleva en la camiseta), que va fastidiado, lo animo, y se arranca a correr conmigo, le ofrezco lo único que llevo, un poco de gel, algo de agua y mis mejores ánimos, charlamos un ratillo, me pregunta kilómetro ("hemos pasado el 38"), por el tiempo ("3 horas y cuarto"), finalmente me pide que siga él no puede, vuelvo a animarle, con el típico "ya está hecho", y sigo adelante, estoy en 40... ahora si que aflojo para disfrutar del ambiente... estamos otra vez en el Jardin de la Menara, ya se siente la Meta.... varios giro de 90º y finalmente la recta de Meta, los arcos, la multitud, corredores de la Media se vuelven a mezclar con los maratonianos, esta vez todos al mismo ritmo y, a poco más de 200 metros de la Meta vuelvo a recordar a mi madre (ya es una costumbre), lanzándole un beso al aire, con la esperanza de que me pueda ver esté donde esté y de brindarle, una vez más, mi carrera... con alguna lágrima en los ojos cruzo la meta y dejo escapar un "Siiiuuuu" con el que expulso de mi cuerpo toda la tensión de la carrera y miro el reloj: 3:36:03.... TIEMPAZO, (mi segunda mejor marca), pero sobre todo porque tengo la sensación de que si hubiera apretado habría bajado de 3:30, porque aunque parezca mentira se me ha hecho corto y fácil.... pese a no ser una carrera fácil, para nada.... Me cuelgan la medalla de FINISHER, y recojo la bolsa con mandarinas, agua y plátanos. Veo en un termómetro de la calle que estamos a 19ºC y hemos salido a 3ºC.... Me siento orgulloso, muy orgulloso y cuando veo a mi mujer acercarse, y la beso, me siento orgulloso y feliz, muy muy feliz.... Fotos, agua, una naranja y para el Riad.... a ducharse y a La Medina a pasear, regatear y si llega el caso a comprar algo... Luego a comer una buena ensalada, un Cous cous y un crepe de Nutella, que nos lo hemos ganado, yo por mi carrera y ella por estar ahí, a mi lado, haciéndome sentir su apoyo incondicional. 
En definitiva, una Maratón diferente, a su manera, que para eso lo organizan en su tierra, los avituallamientos siempre con agua y naranjas y dátiles (sus geles), además de puestos de esponjas (yo no usé ninguna), por un recorrido llano en líneas generales que pican hacia arriba en los últimos kilómetros, con tramos de mucha soledad y otros en los que te sientes muy arropado por gente que es muy hospitalaria y que sientes que animan desde el corazón. 

viernes, 27 de octubre de 2017

XXII QUIXOTE MARATÓN..... Otra manera de afrontar un maratón

A veces, cuando ves que tu vida está pasando a toda velocidad por tu lado, sin darte tiempo a saborear esos pequeños momentos que te impulsan a seguir, a afrontar nuevos retos, a hacerte fuerte frente a los reveses, grandes o pequeños, que riegan nuestra vida. A veces, necesitas un momento para parar, dedicarte un tiempo, largo o corto depende de cada uno, para mirar en que te has convertido, en que pliegues de nuestra historia se han ido quedando algunos de tus sueños, como han evolucionado otros y lo que es más importante mirar a los ojos a los que te quedan vivos y por cumplir, que son, al fin y al cabo, los que nos van a insuflar las energías para seguir adelante.
Con estas premisas, hace un par de meses que me animé a inscribirme en el Maratón de Castilla La Mancha (el Quixote Maratón) de 2017, con un trasfondo sentimental, en este Maratón hace ahora más de 14 años me inicié en esto de los 42 kilómetros, y la seguridad de que durante gran parte de la carrera iba a rodar casi sólo, algo que siempre ayuda a encontrarte y enfrentarte a ti mismo y tus miedos. Con un perfil casi llano, y el handicap, de dar dos vueltas de 21 kms, parecía la prueba idónea.
Tras un verano con tiradas largas, muchas de ellas por encima de 23/25 kms, mezclándolas con ejercicios de fuerza, pero sin objetivo, a primeros de Septiembre me decidí, a hacerlo, mi 22 maratón sería en XXII Quixote Maratón. ¿Objetivo? Rodarlo, en ningún momento se me pasó por la cabeza ponerme objetivo de tiempo, en este caso el propósito del maratón era  lo ya comentado, iba a hacerlo solo, y era fundamental que mi cabeza diera vueltas a un montón de cosas, que los kilómetros, pasasen a merced de mis ideas, pensamientos y propósitos. Que los minutos corrieran a mi lado, deprisa o despacio, eso lo marcarían mis piernas no mi crono.
Por fin llegó el día, el sábado 21 de Octubre, a media tarde salí para Ciudad Real en coche, por delante unos 190 kms o un par de horas de conducción. Ya con el sol escondido llegué a la ciudad castelllano-manchega para retirar el dorsal y la bolsa del corredor (incluía sudadera, botellas de vino, cuña de queso, etc.). El recinto para retirar el dorsal es el patio de una típica casa manchega construida a inicios del siglo XV, poquita gente, que ya da una idea de lo que será el Maratón…, pero a la vez, de los voluntarios que allí están recibes el cariño y los ánimos que quizás, en otros maratones más masificados no notas… A la salida al hotel, un paseíto por el centro de la villa y a cenar. Una pizza y un par de cervezas, ya lo sé esto está alejado de mi dieta paleo, pero en esta vida hay que aprender a decir…. “¡pero que coño!,  además es un pequeño guiño a la cena previa en Berlín, con la esperanza que se repita…. Ya en el hotel, colocar todo para el día siguiente, llamada a casa, whatsap con los amigos, un poco de tele y a dormir…
El móvil me despierta a las 7:30, la salida es a las 9:30 a apenas unos 10 minutos andando desde el hotel…. Desayuno, ducha, repasar material…. Y ¡al lío!.... En el hall del hotel hay gente vestida de corto, calentando, se vislumbra en sus caras la tensión del reto (sean 10, 21 o 42), es su reto, su momento después de entrenamientos, sufrimientos, etc… Yo por mi parte, como siempre, pantalón de chándal, camiseta (no la de correr, por supuesto) y cortavientos; mochila al hombro y para el Polideportivo de la salida….
El ambiente ya se nota, se respira olor a atletismo popular, puedes pasear por la línea de salida, ir al servicio sin hacer colas, entregar la bolsa en el guardarropa sin esperas…. Colocarte lo lejos o cerca que quieras para salir sin meter codos…. Esto es otra historia y… cuidado, que no es una crítica a nada, que también es emocionante y mucho, rodearte de miles de corredores que llevan en sus ojos la mirada de un objetivo por cumplir, de los apretones, de los corrales, de las grandes avenidas en el corazón de enormes ciudades, etc.
Apenas unos minutos para la salida y ya para mi sitio, que como buen “moñas garabitero” no es otro que los puestos finales de este pelotón, “no tengo prisa… ni nadie que me la meta…. La prisa por supuesto”….. En mis pensamientos estoy, mirando el reloj, cuando suena el disparo de salida y en unos instantes empiezo a trotar, poniendo en marcha el crono…..
Los primeros metros se hacen despacio, son avenidas estrechas y vamos todas las distancias juntas, así los dos o tres primeros kilómetros me salen muy por encima de 5:30, no pasa nada, el único problema es que mis piernas piden un poco más de ritmo, es entonces cuando recuerdo el consejo de Yolo, cuando hace muchos años me iba a enfrentar en estas mismas tierras a mi primer maratón…. “Divídelo en tres partes, la primera la corres con la cabeza (control del ritmo), la segunda con las piernas (a lo que ellas te pidan) y la tercera con el corazón (es él el que te debe llevar a meta.” Así es que voy conteniendo, los kms van pasando y una vez que empiezo a rodar en un ritmo cómodo sobre los 5 min/km, empiezo a dejar que sean mis pensamientos los que vayan ocupando las diferentes calles por la que vamos transitando, toda la zona de la universidad, por donde haces varias idas y venidas por las parecidas avenidas para finalmente salir en dirección al centro de la ciudad, me encuentro muy cómodo, y voy rodando por debajo de 4:50. Todavía estamos corredores de las tres distancias y se hacen pelotones, en uno de ellos, converso con una pareja que van a hacer los 21, para ella es su distancia, él sale de una lesión y no quiere más…. Rodamos unos kms juntos, charlando, ellos son de allí, y les produce cierta admiración que me haya ido sólo a hacer el maratón, “algún día iremos a Madrid, a por el Maratón, aunque ya nos han dicho que no es llano”… sonrío para mis adentros recodando las innumerables veces que he maldecido las cuestas de los últimos 10 kms de Madrid… y con intención conciliadora les digo que no son para tanto…. Finalmente se quedan atrás, a ellos les restan apenas 8 kms y a mi casi 30…. Se produce el desvío de los de 10 kms, y se nota en número de corredores, ahora tocan largas avenidas en polígonos industriales, la temperatura va subiendo y por esta mismas calles pasaré cuando me queden apenas 8 kms con el sol bien alto, debo beber, hidratarme, eso es fundamental, no dejo un puesto si pillar líquido, y por fin llego a los 21, el ambiente en esta zona de meta ha aumentado, la gente te anima, te jalea y yo en estos momentos voy subido en una nube, he visto pasar mi vida a grandes brochazos por mis mente y me gusta, las habrá mejores, seguro, pero es la mía y la hecho a mi medida, para bien o para mal, con mis decisiones, quizás la mayoría equivocadas, pero…. Sé que es difícil de explicar, que habrá gente que no lo entienda o no lo necesite, pero afortunadamente, en este mundo, vivimos gente de mil raleas, y como dice el dicho: “cada uno es cada quien”. Y ahora voy rodando por debajo de 4:45 y me gusta, y voy bien, y me siento fuerte… Siguen pasando los kms y sigo con esos ritmos, dejo atrás el 30, empieza la verdadera maratón, sin problemas, las piernas algo cargadas, normal, sigo bebiendo como si no hubiera un mañana…. En el 35 el último gel me cae en el estómago como una losa, pero sigo, bajo el ritmo, ruedo a algo más de 5 min/km, pasan un par de kms y el estómago me dice que algo no
va bien, como soy de luces corto (por lo menos para estas cosas) pienso que si como algo será mucho mejor y me zampo medio plátano en el puesto del 37,5, más o menos, ahí se jodió todo, empiezan a darme arcadas y tengo que parar, el gel  y el plátano son expulsados de mi cuerpo sin premisa previa… ahora tengo que recuperarme un poco, he pasado el 38, estoy a cuatro de meta; esto hay que acabarlo si o si… ruedo muy despacito con la esperanza de que el estómago se asiente, pero no es así…. Lamento mi suerte, pero esto es el maratón, nadie dijo que fuese fácil, encuentro el símil con la vida, que tampoco lo es, y este pensamiento me distrae por un momento de las arcadas, así es que aprovecho para subir un poco el ritmo, km 40, km 41, la avenida final,  el km 42, la entrada al polideportivo, en él la pista con calles rojizas y amarillentas me da la bienvenida, al fondo, los arcos de meta, alguna lágrima recordando a mi madre (no se porque pero desde que nos dejó, siempre que acabo un maratón los últimos metros los corro en su honor) y por fin, META, 42195 metros después un “Siiiiuuuu” se escapa de mis pulmones y cuando me cuelgan la medalla, tengo la sonrisa de la felicidad clavada a fuego…. He parado el crono pero no lo he mirado, ahora le doy un vistazo…. 3:40:21, pues no está nada mal…. Todos los objetivos cumplidos, como no había ninguno, era fácil.
Recoger la mochila, paseo hasta el hotel, ducha calentita, y de vuelta para casa…. En el coche voy saboreando todo lo que he ido pensando y pasando en las últimas horas (cosas que evidentemente me tengo que guardar), disfruto de los buenos momentos y paso de puntillas por los malos, mientras los kms van acercándome a Madrid. Por fin llego a casa, el abrazo y el beso de mi mujer, las bromas y risas con mis hijos, me hacen sentir que este es mi sitio, el lugar donde me siento yo, para bien o para mal, mientras reposo frente a la televisión, sin poder dormirme del propio cansancio, me doy cuenta  que tras 22 maratones, cincuenta y pico años y muchas personas que han dejado su huella en mi vida, de una forma o de otra, siguen quedando en mí algunos sueños por cumplir que espero poder alcanzarlos o por lo menos intentarlo. 

HASTA EL PRÓXIMO, QUE SERÁ EL XXIII.

lunes, 26 de septiembre de 2016

BERLÍN 2016.... Algo ha cambiado


Como todas las historias, esta tiene un principio, que aunque a veces, o quizás muchas veces, cuando ese principio tiene lugar no se es consciente de este detalle….Este principio tiene fecha 24 de Abril de 2016, un lugar Madrid y un entorno, el Maratón de esa ciudad.
También como en muchas ocasiones, el comienzo de esta historia, es un fracaso, un tremendo fiasco en aquel maratón, cuando en el kilómetro 3 unas arcadas, se vuelven en vómitos, que no cesarán hasta el km 17 cuando finalmente me retiré. Al día siguiente, una sensación extraña, muy extraña, físicamente estaba bien, al fin y al cabo 17 kms no son mucho más que un entreno normal; pero mentalmente estaba como si hubiera acabado los 42 y, esas sensaciones encontradas, me dejaron fuera de juego durante un tiempo, sin ganas de entrenar, ni de buscar nuevos retos… Si alguna vez salía, ritmos muy pesados y a la más mínima molestia retirada para casa….
A partir de ahí, entré en  un bucle peligroso, era difícil seguir entrenando sin tener ninguna gana de hacerlo, pese a que allá en lontananza, la sombra de Berlín se hacía cada vez más grande…. Cuando peor estaba, dos meses después de Madrid, sin saber por dónde tirar, decidí hacer un salto al vacío probar algo nuevo, diferente…. Y busqué, a través de Internet, un entrenador on-line, teniendo en cuenta que suelo entrenar por la mañana, un entrenador in situ, sería imposible…. y con mi trabajo, de viajes y horarios variables, muy difícil. Al final tras contactar con varios me decidí, por el que iba a ser mi entrenador durante los siguientes meses, no se muy bien porqué, quizás por su amabilidad en las respuestas, o su forma rápida de contestar, sin dar trascendencia a nada de lo que a mí me angustiaba, dando  por sentado que con cuatro meses, el objetivo de 3:30 era posible…. Y a partir de ahí la transformación…..
Primero, transformar la alimentación, reducir peso (sobre todo de grasa), poco a poco, eliminar azúcares y productos elaborados (pasta, comida preparada, etc.), enfocarlo a la dieta paleo basada en:
-          Consumir preferentemente: Frutas, Vegetales, Carnes magras, Mariscos, Nueces y Semillas y Grasas saludables.
-          Evitarlo en lo posible: Lácteos, Graínos, Alimentos procesados & Azucares, Legumbres, Almidones y  Alcohol.
A partir de ahí empecé a cambiar mis hábitos alimenticios, en principio desde el escepticismo, después pendiente de cualquier síntoma de cansancio excesivo, dolores de cabeza, mareos, etc. para cortarlo de raíz… Pero a medida, que iban pasando los días, me encontraba cada vez mejor, no echaba de menos los desayunos azucarados, completaba los entrenamientos y seguía mi ritmo de vida habitual…. en este punto, como en tantos otros de esta historia, debo hacer mención especial al apoyo y respeto de mi familia, ante el cambio de alimentación,  que nos afectaba a todos.
Por otra parte, los entrenos, ahí también el entrenador me puso el mundo patas arriba, empezando a acostumbrar al cuerpo a tirar de las grasa acumuladas, mediante tiradas largas a ritmos muy muy tranquilos, de 6:00 min/km, mezcladas con días con cambios de ritmos, controlados en distancia y tiempo y mezclado todo ello con ejercicios interválicos de alta intensidad, con poca recuperación y corta duración…. En un principio no lo veía, pero pese a todo, seguí con ello, si me había embarcado en esta aventura, debería apostar el resto en ello y cruzar los dedos. El entrenador me pedía paciencia, yo ponía la constancia en los entrenos y la alimentación, y él ponía el tempo….
Con la base aeróbica cimentada, pasamos a meter series que irían aumentando en distancia, semana a semana, y ¡por fin!, empiezo a ver la luz…. Las piernas se van soltando, los ritmos progresan día a día, las recuperaciones son más rápidas, me olvido de una vez por todas de las lesiones en los “malditos” gemelos, la báscula por su parte va marcando semana a semana mínimos históricos y…. sin resentirse el ritmo de vida familiar o laboral. El objetivo de 3:30 empieza a ser posible, en las últimas semanas, “vuelo” en series de 1000, 2000 o 3000; consigo casi 30 kms a ritmo de maratón y el test del 2x6000 me confirma la progresión….
Berlín está a la vuelta de la esquina y mi moral, después de mucho tiempo, está a tope, sin lesiones, con buenos ritmos, y además, el sincero apoyo moral de mis compañeros Garabitas, que saben de mis victorias (pocas) y mis derrotas ante la bestia de las 42 cabezas, saben que el Maratón me debe una y estoy seguro que en el fondo desean, tanto como yo, que se salde esa “deuda”.
Por fin llegó el fin de semana berlinés, vuelo a la capital alemana, en compañía de un amigo y además crack en esto del correr, llamado Eugenio, al que le metí hace unos años el veneno de la larga distancia y ahora me ha salido un monstruo, que devora lo que haga falta, aunque de vez en cuando se me distrae con algo llamado triatlón….
Viernes, recogida del dorsal, se respira maratón por todas las calles de la ciudad, el trato al corredor invita a dar lo mejor de uno mismo. El tiempo, temperatura, sol y viento, se manifiestan de la mejor forma posible para ayudar a cada uno en su reto…. El mío está claro, Eugenio, no permite que me distraiga de él, 3:30. Todo un viernes y un sábado, con cuñas constantes para el 3:30. Sabe que lo tengo ahí, que Alemania nos lo debe después de Munich 2015…. Y yo también lo sé.
Por fin domingo, línea de salida, la música atronadora…. Cuenta atrás, ya no hay más que salir a correr y darlo todo…. La marea humana empieza a moverse, se oye resoplar en multitud de idiomas, miradas furtivas de complicidad que se cruzan, quizás por una sola vez en sus vidas, pero en ese momento su destino es común y quizás, se sientan más próximos a esos extraños en ese preciso instante, que a mucha gente de su entorno durante el resto de sus vidas….
Las piernas empiezan a imponer su ley, el corazón dicta las normas y la cabeza pone la cordura ante una posible estampida… La bestia empieza a desangrarse kilómetro a kilómetro, cada gota de su sangre es un nuevo kilómetro a ritmo…. 4:50, 4:52, 4:46, etc…. la media en 1:43, por primera vez, en mucho tiempo, veo la debilidad en el maratón, siento que su debilidad es mi fuerza…. 25 kilómetros y seguimos a ritmo…. Berlín anima a voz en grito, el sol viendo que se avecina algo grande se asoma y se esconde a su antojo entre un mar de nubes claras y suaves que se dejan atravesar por sus rayos. Los voluntarios ofrecen bebidas y frutas, con una sonrisa en sus caras de complicidad y de ánimos, de vez en cuando, entre ánimos en alemán, inglés, francés o ruso, aparece un ánimo en castellano, y lo haces tuyo para insuflarte un nuevo hálito de fuerzas….
La bestia juega sus cartas y en el 30, en la ciudad del muro, éste se hace fuerte, los kilómetros del 30 al 32 se hacen duros, se baja un poco el ritmo, para dejarlos pasar, me fijo un objetivo, llegar al 35 y luego a ver que pasa, en esos kilómetros, necesito distraer mi cabeza, o me traicionará y todo el trabajo de estos meses se irá al traste, así es que decido recurrir a un viejo truco, contarme un cuento, eso me obliga a focalizar mi mente en la historia, el maratón pasa a un segundo plano, el monstruo de las 42 cabezas se difumina entre la multitud, alejado de mi….
El 35 ha quedado atrás y Eugenio que ha visto el peligro, se convierte en la voz de ánimo que necesito para negociar los siete kilómetros que quedan, poco a poco se va desgranando la distancia, el maratón empieza a mostrar su bandera blanca, Eugenio sigue en su ánimo y llega el 39, el kilómetro clave, en un momento determinado me paro en seco, las piernas acalambradas no parecen responder, hemos pasado Postdamer Platz y se oye, a lo lejos, el rumor de la meta… mi compañero de aventuras se da cuenta y a voces me hace reaccionar: “¡Ahora no! Ya lo tenemos hecho… ¡no podemos quedarnos aquí!, tenemos los 3:30 en la mano…”
No puedo asegurar lo que me hizo dar ese primer paso que me desbloqueó, si la cara de Eugenio diciendo que no, si las palabras 3:30, si el trabajo de estos meses, si la decepción de mis Garabitas, si el coraje de saber que éste era MI MARATÓN….. Sea lo que fuese o la suma de todo, el caso es que volví a la carrera, y ante la visión del km 40, supe que estaba hecho, no sabía el tiempo, porque llevaba muchos kilómetros si saber ritmos, llevaba el gps en modo reloj…. pero vi entre las nubes al mostruo de 42 cabezas sonriente diciéndome “Es tuyo…. ¡Disfrútalo!”….
La puerta de Brandemburgo me pareció enorme, doscientos y pico metros y la meta; me permito el lujo de subir un poco el ritmo, con la esperanza de ser sub-3:30…. Finalmente en meta…. 3:30:04, el mundo a mis pies, un “Siiiiiuuuuuuuuu” brutal rompe la mañana berlinesa, no en homenaje al luso si no por dejar escapar la tensión y el esfuerzo de estos cuatro meses. Abrazo fraternal con mi amigo y compañero y, a partir de ahí, a saborear lo conseguido, sentirte fuerte, como nunca antes… las piernas fallan pero el corazón bombea con todas sus fuerzas, la mente recrea momentos puntuales de todo este tiempo. Es necesario comunicar la buena nueva a todos aquellos que se alegrarán con ello, porque comparten sus vidas conmigo,  porque saben del trabajo y sacrificio que ha habido detrás, porque son tus amigos y eso es suficiente….
La medalla flota en mi pecho y una sonrisa inacabable se prende de mis labios, las piernas parecen no querer tocar el suelo y yo me recreo en estas sensaciones, se que son efímeras y que en poco tiempo la realidad  volverá a mi vida…..
Ahora mismo, no quiero pensar en nuevos retos, quiero saborear éste y sentir como día a día se va difuminando su sabor, aunque un poso quedará para siempre….
No quiero terminar este “relato” sin dar las gracias a todos aquellos que lo han hecho posible con sus consejos, su apoyo, su amistad, o con cualquier acto que haya dejado alguna huella, para bien o para mal, en mi.
Y por otro lado, hacer constar que el entreno y la alimentación me han ido bien, bueno muy bien a mi, pero creo que el hecho de que existan decenas de entrenamientos y dietas y suplementos, diferentes no hace más que confirmar que hay uno para cada persona…. es sólo encontrarlo.

Fdo: José Doohan  (3:30:04 Berlín 2016)


miércoles, 9 de noviembre de 2011

06112011 EL GRAN DÍA…. NUEVA YORK Y YO….

La camiseta que me llevó a la gloria con la firma de Pablo

En el hall a las 5:15 de la mañana, hay que llegar con el autocar a Staten Island (salida del Maratón) antes que de cierren Venazzaro Bridge… Así es que nos quedan por delante cuatro horas, los nervios están a flor de piel y los estómagos en ebullición… Desde el autocar vamos viendo como amanece Nueva York en nuestro gran día, con un cielo completamente despejado, el viento ha amainado y las temperaturas se han recuperado algo, todo son buenas señales…. Al llegar a la zona de salida, debes ir hacia los parque de tu color, en mi caso el azul, compartido con Pablo Villalobos y Julien (responsable de Gatorade España). Allí cientos de voluntarios se afanan de organizar todo y ofrecer todo lo necesario a los corredores, café, tém leche, agua, bollos, gatorade, powerbar, todo en la cantidad que quieras, los baños químicos están por todas partes, no tienes que esperar más de dos o tres minutos para entrar (y tuve que entrar un par de veces…). Finalmente Pablo se va a la primera tanda y al poco suena un cañonazo y el New York, New York de Sinatra, el Maratón ha comenzado, desde ese momento en diferentes hornadas van saliendo los corredores (yo debería salir en la segunda pero ante las dudas de Julien, me quedo con él para salir juntos y ayudarle en lo que pudiera).  Finalmente nos toca salir a nosotros, nos meten en nuestro corral y a los pocos minutos nos llevan a la línea de salida, en ese momento la voz solista de la banda de música de los bomberos de Nueva York interpreta el barras y estrellas… todos en silencio como respeto al himno nacional americano y a la pedazo de voz de la cantante. Es impresionante el silencio, pero lo es aún más el rugido de millones de ilusiones que explotan al terminar el himno y sonar el cañonazo, NUESTRA MARATÓN HA COMENZADO, mientras nos acompaña por todos el puente (de unas dos millas) la voz de Sinatra y Manhattan se recorta sobre al cielo azul a la derecha del puente, esperándonos para acogernos en su corazón… Los primeros pasos son tranquilitos, queda mucho y es cuesta arriba, al coronar el puente empieza un bajada que te permite recuperar lo perdido en la subida. Durante este tramo no hay público, no permiten a la gente pasar al puente, pero en cuanto pones un pie en Brooklyn te das cuenta porque este maratón es para vivirlo y no para correrlo, multitud de gente a ambos lados de las calles, te animan como si fueran tus mejores amigos, niños te ofrecen pañuelos para que te seques el sudor, te ofrecen naranjas, plátanos, dulces, todo lo que te puedes imaginar, a mucha esquinas hay músicos animando tanto a la gente como a los corredores (bandas de rock, blues, jazz, solistas que cantan de lujo, cantantes country, raperos,  hiphoperos todo es bien recibido, los niños al grito de “go, go y give me five…” te dan la mano, nunca en mi vida había sonado tantas veces mi nombre: “Go Jose….”, “Jose c´mon, go, go”, “Jose, Viva España”, incluso algún “allez allez, Jose”. El ritmo, no lo sé , no necesito mirar el reloj para saber que estoy disfrutando a tope, de vez en cuando freno un poco a Julien que con el empuje del público se va disparando y todavía queda mucho…. Las millas van cayendo una tras otra, Brooklyn se acaban y entramo en Queens, el ánimo no amaina, la gente sigue llevándote en volandas con sus ánimos, las orquestes siguen tocando, y llevan ya más de dos horas, pero los ánimos son los mismos… En Brooklyn tengo que hacer una parada en boxes (hay cabinas cada dos millas), es lo único que me preocupa que sigo algo descompuesto, pero no pasa nada hay que seguir, esto es un lujo. Recuerdo antes de llegar a la media maratón, había una señora con trozos de naranja (son frutas que compran y ponen ellos, no son de la organización), intento coger uno pero se me cae y a los pocos metros me tiran de la camiseta y el hijo de esta señora, me traía un trozo de naranja que me da al grito de Go, Jose, Go, y una enorme sonrisa con la boca abierta y unos dientes blancos que destacan aún más en su cara negra (sé que será uno de esos recuerdos que llevaré siempre…). Sigue la carrera, pasamos la Media (sigo sin ver el reloj, sigo sin necesitarlo….) dejamos Queens y entramos en Mahattan por Queensboro Bridge, este puente se hace por debajo, el skyline de Manhattan se muestra majestuoso a nuestra izquierda, pero el puente, sin gente, a la sombra y se ha vuelto a levantar viento se me hace algo duro, Juliewn se ha quedado atrás, ya no podía seguir el ritmo y se estaba pasando… Así es que me quedo solo, para entrar en la primera avenida, quizás el momento más duro psicológicamente del maratón pues estás en el km 26 y al doblar ves la avenida ligeramente en subida que te llevará hasta el 32, al Bronx, pero sigo adelante sin mirar el reloj, recordando las palabras de Fran, hasta el 30 no tienes que empezar a correr y la verdad es que he llegado hasta aquí sin muchas dificultades, llego hasta la milla 19, hace rato que he pasado el 30 y estoy fuerte, subo un poco el ritmo, amplío la zancada y cruzo al Bronx, como diciendo aquí viene el “puto amo” de esta maratón, el recorrido por el Bronx es feo, la animación es total, chavales en las esquinas con las mesas de mezclas y hip hop a toda pastilla… pero hay demasiado giros de 90 grados y el recorrido pasa por una zona comercial, finalmente volvemos a entrar en Manhattan por la QUINTA AVENIDA, ya se siente el rumor de Central Park, km 37 y miro por primera vez mi reloj que me marca 3:27, ¡Llevo 37 kms, y ese tiempo, voy a volar en lo que me queda!. O eso creía, porque entre el km 37 y el 38 (ahora ya están marcados tanto millas como kms), empiezo a sentir unos pinchazos terribles en el estómago, cada zancada es un martirio, ahora no puedo pararme si me paro me quedo y estoy demasiado cerca, los gritos de “Go Jose, go”, siguen flotando sobre todo ahora que se me ve que lo estoy pasando mal, tengo la sensación de que voy clavado, pero me niego a andar mirando el reloj, Central Park se abre ante mí, esto lo conozco del otro día, un par de repechos, una bajada otro repecho y la meta. El estómago no me deja rodar cómodo, de piernas voy de dulce, de brazos y abdominales perfecto y de cabeza, con un solo pensamiento LA META. En el último repecho casi me dobla uno de los pinchazos… pero la meta está ahí, brazos en alto, (en honor de los que no han podido vivir esta aventura conmigo y me han acompañado durante todos lo kilómetros, a mi familia, a mis amigos, a los Garabitas (amigos y compañeros de aventuras) y sobre todo a mis padres, que aunque no están con nosotros siempre los llevo junto a mí (no sé porque pero cuando algo de esto sale bien siempre me acuerdo de ellos, porque tengo la impresión que se sentirían orgullosos de ello)).
Cruzar la meta y que te cuelguen al medalla y sentirte especial todo es uno, ahora como no todo podía ser maravilloso unos pasos más adelante me dan la manta y perdí el conocimiento me desperté en el hospital del Maratón con una vía con suero y el oxígeno puesto, no recuerdo muy bien como he llegado aquí, pero la doctora me comenta que estoy deshidratado, pese a haber bebido en todos los puestos, el problema ha sido la descoposición del día anterior, donde pierdes todos los líquidos, que no puedes recuperar en tan poco tiempo.
Un par de horas en la camilla, hasta encontrarme bien, paseos por el interior del hospital de campaña, y por fin la libertad, recuperar mi bolsa, cambiarme y bajar hasta el hotel dando un paseíto a la luz de la noche neoyorkina, me vuelve a la vida. Muscularmente, estoy entero, aunque algo débil, sigo bebiendo mucho, según me han aconsejado….Y pot fin llego al hotel, donde había cierta preocupación sabían que había terminado, pero no donde estaba, así es que a contar la historia, celebrar que no ha sido nada ducharme, cenar y celebrarlo.
Nueva York ya es historia, pero es otra historia, se puede hacer un maratón sin sufrir (quitando lo de la gastroenteritis que se agravó el lunes y el martes), disfrutando de la carrera y sin llevar encima ninguna presión de marca, bastante presión es meterte 42 kilómetros (entrenando cuando se puede, trabajando, haciendo vida familiar, etc) para encima exigirnos marcas….
Lo dicho, una experiencia para vivirla, por encima de todo para eso, para vivirla y sentirte durante 26,2 millas un atleta de élite aclamado por multitud de gente que no te conoce pero está contigo… eso es el Maratón de Nueva York, o por lo menos así lo he vivido yo.
Con Julien, mi compañero de fatigas

Mi cabeza, sobre Queens

Atravesando Venazzaro bajo la mirada de un helicóptero

A la salida, momentos de gran emoción......

Rodando por Brooklyn

Antes de llegar a Manhattan

4 y 5 de Noviembre. Feria del corredor y turismo

Ya tengo mi dorsal.......

A las 7:00 de la mañana todos en el hall del hotel, para rodar hasta Central Park y estirar un poco las piernas después del viaje, todavía es de noche pero la 8ª avenida es un hervidero de gentes, coches, autobuses,… y un grupo de corredores que se acercan a Columbus Place, donde empieza Central Park, aquí ya se respira el ambiente de maratón, las gradas de entrada (a 300$ la localidad y agotadas desde hace semanas), los arcos de meta, cámaras, focos, seguridad…. La sensación de que en 48 horas estarás luchando por llegar a esos arcos ahora vacíos, aclamado por esas gradas ahora vacías, e iluminado por un sol radiante ahora escondido me emociona, es algo que no se puede explicar, pero en ese momento me doy cuenta de lo que supone correr este maratón.
Trote suave por el parque, bordeando el lago (tantas veces grabado en películas), y salida a la 5ª Avenidad para volver al hotel, el lujo nos rodea, Tiffanys, Louis Vuitton, Carolina Herrera, Guess, Rolex, etc… y unos cuantos corredores atravesándola y, una muestra de ejemplo del respeto de los neoyorkinos por los corredores, la gente se apartaba para dejarnos pasar y los coches esperaban pacientemente (sin pitar) aunque el semáforo estuviera en rojo (¿os imagináis eso en el barrio de Salamanca a las 8:00 de la mañana?, yo tampoco). El trote muy suave y agradable, aunque el frío es intenso, estamos a tres grados y e viento no deja de soplar, al final, 9 kilómetros en 50 minutos. Ahora a prepararse que hay que retirar el dorsal…
Al llegar a la feria del corredor te das cuenta que efectivamente este maratón no es un maratón más, es el MARATÓN…. Colas interminables de gente con sus inscripciones y pasaportes en las manos, para el primer control de comprobación de datos….. Pero todo rápido, después a retirar el dorsal, donde voluntarios de todas las edades, condiciones y razas, tienen un punto común la amabilidad y la simpatía hacio los corredores, cualquier problema te lo resuelven con una sonrisa (tuve que cambiar de bolsa porque se abrió la botella de agua que te daban y se me mojó todo, y me la cambiaron sin ninguna pega). Después una vuelta por la feria, ASICS como patrocinador oficial tiene todo el material deportivo expuesto, una pasada…, los precios también, (pese al cambio no compré nada).
A partir de aquí la tarde de este día el día siguiente fueron libres para turismo, compras etc.. Solo una pequeña pega, el sábado tuve problemas intestinales y estuve fastidiado todo el día, lo achaqué a los nervios del Maratón y no le di mayor importancia…. El monstruo de las 42 cabezas ya estaba rugiendo y sólo cabían pensamiento positivos…..
Rodando por Central Park

Amanece en The Reservoir de Central Park

Primer control de la feria..... ¡vaya tela de gente!

El Grupo Gatorade con sus dorsales.